Una mirada profunda al WHOIS
La identidad de los usuarios de Internet siempre ha sido un tema central en el gobierno de Internet. Uno de los mayores problemas es que no hay capa de identidad en los protocolos TCP/IP. No contiene suficiente información sobre las partes que se comunican ni autentican la fuente, estatus o propiedades de los recursos compartidos en la Internet. La identidad es proporcionada por las aplicaciones que hay al final de los protocolos. Así pues, esta identidad carece de universalidad.
Para llenar este vacio surgió el servicio WHOIS, como sucedáneo de la capa de Identidad. Permite saber el nombre y los detalles de contacto de cualquiera que haya registrado un dominio. Las empresas que ofrecen servicios de registro de dominios deben ofrecer un WHOIS público, en virtud de sus contratos con la ICANN.
El hecho de que esta información sea pública es utilizado sin piedad por spammers, acosadores, estafadores y ladrones de identidad. En Europa y otros países como Australia hay leyes de protección de datos que pueden entrar en conflicto con los requerimientos de publicación de la ICANN referentes al WHOIS.
Es posible proteger cierta información de los datos de registro de dominio o restringir el acceso completo a los registros. Pero esto no ha sucedido. La política contractual de la ICANN para el WHOIS entra en conflicto con la jurisdicción territorial de los países.
A pesar de los numerosos Congresos y cartas de las autoridades para la protección de datos no ha habido mayores cambios desde la ICANN hizo su primer contrato para acreditar un Agente. A pesar de las numerosas leyes nacionales e internacionales para proteger los datos de los ciudadanos, se puede acceder a los mismos de manera indiscriminada.
El WHOIS se creó como un servicio más de Internet cuando era una red cerrada para científicos. Una vez que Internet se extendió y masificó, el WHOIS permaneció como servicio por defecto.
Históricamente el WHOIS ha pasado por cuatro fases:










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